El fútbol no solo se juega con los pies, se juega con la memoria. Y hoy, el Deportes Tolima no solo se enfrenta al Atlético Junior; se enfrenta a sus propios fantasmas y a una estadística que le ha sido esquiva durante décadas.
El equipo de Lucas González tiene ante sí la montaña más alta que haya intentado escalar el club en sus 70 años de historia. Perder 3-0 en la ida en Barranquilla fue un golpe de mazo, pero en Ibagué el ambiente no es de funeral, sino de preparación para una guerra deportiva.
Los Factos: La magnitud de la hazaña
Para que el "Vinotinto y Oro" borde su cuarta estrella esta noche, debe lograr lo que nunca ha hecho en una final de vuelta en casa. Repasemos los datos fríos que dictan la sentencia:
- Debe ganar por 3 goles para forzar los penales o por 4 goles para ser campeón directo.
- En la ida, Junior solo necesitó 5 remates para anotar 3 goles. Una efectividad del 60% que Tolima debe neutralizar.
- Tolima llega como el mejor equipo del año en puntos acumulados, un argumento de peso para creer en su fútbol.
El fantasma de la localía: Una cuenta pendiente
El mayor reto para el equipo de Lucas González es romper una tendencia histórica que duele en el alma del hincha ibaguereño. Paradójicamente, el Tolima es un "campeón visitante". Sus tres estrellas (2003, 2018, 2021-I) las celebró en patio ajeno (Cali, Medellín y Bogotá).
Cuando le ha tocado cerrar en el Manuel Murillo Toro, la historia ha sido otra:
- 2006-II: No pudo remontar ante el Cúcuta (1-1).
- 2021-II: Perdió la ventaja y el título ante el Cali (1-2).
- 2022-I: Ganó 2-1 a Nacional, pero no le alcanzó para revertir el global.
La pizarra de Lucas y el factor mental
Lucas González se ve ansioso, pero decidido. Su discurso es claro: "Si ellos lo hicieron en 45 minutos, nosotros tenemos 90". El técnico bogotano apuesta a que la efectividad que tuvo el Junior en el Metropolitano sea una anomalía y que, en Ibagué, la suerte y el volumen de juego cambien de bando.
Pero hay un ingrediente extra: la gestión de las emociones. González ha advertido a sus jugadores sobre las provocaciones de Teófilo Gutiérrez. En una final de este calibre, caer en el juego mental del rival puede ser tan letal como un gol en contra. El Tolima necesita cabeza fría para ejecutar un plan que exige jugar cerca de la portería de Junior sin quedar expuesto a las transiciones rápidas de un Junior que no renunciará a buscar más goles.
El "Ahora o Nunca"
El Tolima se juega más que un trofeo. Se juega la validación de un proceso que lo puso en la cima de la reclasificación y la oportunidad de demostrar que el Murillo Toro puede ser un fortín de gloria y no de lamentos.
La tarea es difícil, pero no imposible. Si el Tolima logra marcar un gol temprano, el estadio se convertirá en una caldera y los fantasmas de 2006, 2021 y 2022 podrían finalmente ser exorcizados. Ibagué espera un milagro; el fútbol colombiano espera una página dorada.